INVESTIGACIONES SOBRE EL MORIR.
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Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) son más reales que la vida misma - elConfidencial.com
La descripción de un haz de luz al final de un túnel es el relato más frecuente en las ECM. (Corbis)
Iván Gil
02/04/2013
(06:00)
02/04/2013
(06:00)
En los momentos vitales críticos, los mecanismos neuronales sufren una serie de alteraciones provocando que el cerebro funcione de manera diferente a la habitual. Unos cambios neurofisiológicos que fijan en nuestro cerebro recuerdos “más claros e incluso más sensitivos que los de las experiencias reales, cuando la vida no se encuentra en peligro”. Aunque todavía es necesario continuar las investigaciones para conocer las implicaciones de los cambios neuronales producidos, esta es la primera vez que se logra aportar una explicación rigurosa desde el punto de vista científico a las ECM, a pesar de la numerosa documentación existente.
Los investigadores pudieron demostrar que las disfunciones del lóbulo parietal causan una sensación de separación entre cuerpo y mente, pues muchos de los relatos de ECM ahondan en cómo los pacientes son capaces de verse a sí mismos en tercera persona. Unas explicaciones basadas en las diferencias establecidas entre el cerebro orgánico y la imaginación, por lo que aseguran que los secretos relacionados con este fenómeno se esconden en los mecanismos neuronales, que tratarán de profundizar en próximas investigaciones.
Una alucinación muy consciente
Para la científica Marie Thonnard, autora principal de estudio, todo se reduce al campo de las sensaciones, por lo que las ECM son solo un producto de la imaginación, muy similares a las alucinaciones. Una afirmación que choca con las tesis de que hay vida después de la muerte, fundamentadas en la existencia de este tipo de fenómenos.
En los momentos vitales críticos, los mecanismos neuronales sufren una serie de alteraciones que provocan alucinaciones
Entre los defensores de esta idea destacan el neurocirujano de la universidad de Harvard Eben Alexander, quien ha hecho de su último libro, Proof of Heaven: A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife (La prueba del Cielo: el viaje de un neurocirujano a la vida después de la muerte), un místico relato en primera persona sobre la vida eterna. Asimismo, el cardiólogo Pim van Lommel es uno de los principales estudiosos de este fenómeno, que explica porque “la muerte sólo es un cambio de conciencia y esta, a su vez, “no es más que un retransmisor de la dimensión en la que vivimos”.
La prestigiosa fundación John Templeton es la mayor mecenas en la actualidad de estos estudios. Así, ha otorgado nada menos que cinco millones de dólares al profesor de filosofía de la Universidad de Riverside John Martin Fischer para investigar en profundidad las experiencias al borde de la muerte. Es lo que se ha dado en llamar Proyecto Inmortalidad y que se desarrollará durante los tres próximos años.
Un mecanismo de defensa psicológica ante el peligro
En el caso del estudio dirigido por Thonnard se compararon las respuestas de dos grupos de voluntarios que habían sobrevivido a un coma, uno de ellos con ECM y el otro sin recuerdo alguno, con las de otro grupo de personas que nunca había sufrido un coma. De este modo pudieron evaluar las características fenomenológicas de los recuerdos (sensoriales, emocionales, autorreferenciales, etc.) reales frente a los de las experiencias cercanas a la muerte. El resultado fue que en estos últimos se potencian las características fenomenológicas.
Los efectos farmacológicos favorecen este tipo de fenómenos
La hipótesis que maneja ahora el grupo de investigadores es que la alteración de los mecanismos fisiológicos, unida a los efectos farmacológicos en las conexiones neuronales, generan las condiciones favorables para que se produzcan estos fenómenos. Sería algo así como una alucinación debido al estado de perturbación del cerebro. De hecho, se produce una especie de autoengaño, como si se tratase de un mecanismo de defensa psicológica, prácticamente igual al que se activa por las alucinaciones.
Otros estudios anteriores ya habían apuntado a la anoxia (carencia de oxígeno) de los pacientes en coma para relacionar las ECM con las alucinaciones. Unas conclusiones que ahora vuelven a reforzarse, a pesar de que sigue sin existir unanimidad entre la comunidad cientifica.
EL PROYECTO INMORTALIDAD, MANOS A LA OBRA
Conceden cinco millones de dólares para investigar la vida después de la muerte
Millones de americanos han visto la luz al final del túnel. (Corbis)
El Confidencial
12/10/2012
(06:00)
12/10/2012
(06:00)
La luz al final del túnel, las trompetas celestiales, las
puertas del Cielo que se abren de par en par o, en Japón, un jardín.
Todas ellas son representaciones habituales, condicionadas en un alto
grado por la cultura y la sociedad, de lo que vemos y sentimos cuando
estamos a punto de morir. Hasta cierto punto, y en lo que se refiere
principalmente a esa luz metafísica, se trata de visiones que han sido
presenciadas repetidamente por aquellos que se han encontrado al borde
de la muerte, y que suelen darse, como señalan las estadísticas, entre una de cada cinco personas que superan una muerte clínica.
Cuánto hay de realidad en ello y cuánto de ficción es, probablemente,
uno de los retos que habrá de afrontar el profesor de filosofía de la
Universidad de Riverside John Martin Fischer en su próxima
investigación, y para ello, recursos económicos no le faltan. Nada menos
que cinco millones de dólares le han sido otorgados por parte de la
Fundación John Templeton –que, con base en Filadelfia, se
describe a sí misma como “un catalizador filántropo para la
investigación sobre las Grandes Cuestiones de la vida”– con el objetivo
de estudiar en profundidad las experiencias al borde de la muerte. Es lo
que se ha dado en llamar el Proyecto Inmortalidad.
Esta clase de fenómenos son productos de la mente que nada tienen que ver con la vida en el más allá
A
pesar de todo, Fischer, que se considera a sí mismo un “optimista de la
inmortalidad”, no cree a priori en la vida después de la muerte. Pero
dispone de tres años para investigar sobre el tema y llegar a unas
conclusiones más claras, gracias a los seminarios que impartirá sobre
dicho tema. Algo que, por otra parte, no es nada nuevo para Fischer, ya
que había dado clases sobre “muerte, inmortalidad y el sentido de la
vida” en la Universidad de Yale, así como en su actual cátedra en
Riverside. Sin embargo, a pesar de que, como señala el profesor, este
tipo de historias abundan en todas las culturas, “ningún estudio riguroso y científico ha sido llevado a cabo con todos los datos globales de estas historias,
o de la manera en que la inmortalidad influye al comportamiento
humano”. Este último es otro de los temas a estudiar durante los
próximos tres años: de qué manera el pensamiento de inmortalidad
determina el comportamiento humano, y que se relaciona de manera íntima
con la mayor parte de religiones del mundo, que coinciden en la promesa
de una vida ultraterrena, y cuyo peso cultural determinaría la aparición
de este tipo de visiones.
¿Ilusiones o vivencias reales?
Lo que parece fuera de toda duda es el rigor con el que Fischer abordará temas tan delicados, ya que, como aseguraba a Christopher Shea de The New York Times, “seremos muy cuidadosos en lo que se refiere a documentar experiencias cercanas a la muerte y otro tipo de fenómenos semejantes, con el objetivo de averiguar si es verdad que son plausibles visiones de la otra vida o se trata de meras ilusiones biológicamente inducidas”. Fischer promete un enfoque “rigurosamente científico. No vamos a gastar dinero para estudiar historias de abducciones alienígenas”. La tesis de que la visión del túnel que conduce a la luz no es una manifestación divina sino que es inducida por nuestro propio cuerpo se encuentra cada vez más extendida: tal y como señalaba un estudio publicado el año pasado por investigadores de la Universidad de Edimburgo y el Consejo de Investigación Científica de Cambridge, esta clase de fenómenos son “productos de la mente que nada tienen que ver con la vida en el más allá”.
Este tipo de investigaciones llevan realizándose desde hace 130 años
La
explicación aducida por los científicos es que nuestro cerebro
reacciona de tal manera cuando siente que está cercano a la muerte
(aunque en realidad no sea así), o también como respuesta fisiológica a
ciertas situaciones externas. Por ejemplo, otro estudio realizado en
Estados Unidos señaló que la visión de la luz al fin del túnel se podría explicar por un bajo abastecimiento de sangre y oxígeno a los ojos
que puede ocurrir en momentos donde el cuerpo humano no funciona
debidamente, produciéndose un apagón perceptivo que provocaría que
perdiésemos la visión periférica de manera progresiva. Se han dado
explicaciones de toda índole para resolver este enigma: por ejemplo, el
psicoanálisis mantiene que se trata de una experiencia de disociación de
la mente y el cuerpo originada ante experiencias traumáticas donde la
vida de la persona se pone en peligro. En ese sentido, Carl Sagan
aseguraba que el sistema nervioso se resetea después de una experiencia
cercana a la muerte y la luz en el túnel es una representación del
nacimiento, una teoría repetidamente refutada.
Críticas y detractores
No puede quejarse Fischer, ya que ningún otro proyecto de la Universidad de Riverside ha sido objeto de una beca tan cuantiosa como la que ha recibido el filósofo, algo que ha puesto de uñas a gran parte de sus detractores, ateos y materialistas, que consideran que la abstracción del tema y la falta de aplicaciones reales no justifican tal inversión. Además, otros expertos han manifestado que la afirmación de que no se ha tratado el tema en profundidad con anterioridad es simple y llanamente mentira. Por ejemplo, Chris Jensen Romer, cuyo trabajo se divide entre la ciencia académicamente aceptada y sus investigaciones parapsicológicas, manifestaba en su blog, Polterwotsit, que “este tipo de investigaciones se han realizado desde hace 130 años, a través de médicos, neurólogos, filósofos, teólogos y muchos brillantes pensadores”. Aunque, quizá no se trate más que de envidia, ya que como afirma en dicha entrada en su bitácora, lleva veinte años buscando financiar sus propias investigaciones sin ningún éxito.
Muchos estudios de diferentes ámbitos han intentando abordar este tema con mayor o menor fortuna. En Experiencias cercanas a la muerte entre la ciencia y prejuicio, sus autores, dos profesores italianos de la Universidad de Padua, señalaban que cualquier interpretación reduccionista de este tipo de fenómenos suele encontrarse equivocada, ya que las sucesivas investigaciones han demostrado cosas muy diferentes entre sí. Para ellos, “el enfoque biológico aceptado está ciego ante la fenomenología de las experiencias, significados, valores y su impacto en la vida y cultura humanas, el lado oscuro de la luna del reduccionismo”. Veremos si dentro de tres años, Fischer y sus cinco millones de dólares han sido capaces de conquistar este territorio desconocido.
Esta clase de fenómenos son productos de la mente que nada tienen que ver con la vida en el más allá
A
pesar de todo, Fischer, que se considera a sí mismo un “optimista de la
inmortalidad”, no cree a priori en la vida después de la muerte. Pero
dispone de tres años para investigar sobre el tema y llegar a unas
conclusiones más claras, gracias a los seminarios que impartirá sobre
dicho tema. Algo que, por otra parte, no es nada nuevo para Fischer, ya
que había dado clases sobre “muerte, inmortalidad y el sentido de la
vida” en la Universidad de Yale, así como en su actual cátedra en
Riverside. Sin embargo, a pesar de que, como señala el profesor, este
tipo de historias abundan en todas las culturas, “ningún estudio riguroso y científico ha sido llevado a cabo con todos los datos globales de estas historias,
o de la manera en que la inmortalidad influye al comportamiento
humano”. Este último es otro de los temas a estudiar durante los
próximos tres años: de qué manera el pensamiento de inmortalidad
determina el comportamiento humano, y que se relaciona de manera íntima
con la mayor parte de religiones del mundo, que coinciden en la promesa
de una vida ultraterrena, y cuyo peso cultural determinaría la aparición
de este tipo de visiones.¿Ilusiones o vivencias reales?
Lo que parece fuera de toda duda es el rigor con el que Fischer abordará temas tan delicados, ya que, como aseguraba a Christopher Shea de The New York Times, “seremos muy cuidadosos en lo que se refiere a documentar experiencias cercanas a la muerte y otro tipo de fenómenos semejantes, con el objetivo de averiguar si es verdad que son plausibles visiones de la otra vida o se trata de meras ilusiones biológicamente inducidas”. Fischer promete un enfoque “rigurosamente científico. No vamos a gastar dinero para estudiar historias de abducciones alienígenas”. La tesis de que la visión del túnel que conduce a la luz no es una manifestación divina sino que es inducida por nuestro propio cuerpo se encuentra cada vez más extendida: tal y como señalaba un estudio publicado el año pasado por investigadores de la Universidad de Edimburgo y el Consejo de Investigación Científica de Cambridge, esta clase de fenómenos son “productos de la mente que nada tienen que ver con la vida en el más allá”.
Este tipo de investigaciones llevan realizándose desde hace 130 años
La
explicación aducida por los científicos es que nuestro cerebro
reacciona de tal manera cuando siente que está cercano a la muerte
(aunque en realidad no sea así), o también como respuesta fisiológica a
ciertas situaciones externas. Por ejemplo, otro estudio realizado en
Estados Unidos señaló que la visión de la luz al fin del túnel se podría explicar por un bajo abastecimiento de sangre y oxígeno a los ojos
que puede ocurrir en momentos donde el cuerpo humano no funciona
debidamente, produciéndose un apagón perceptivo que provocaría que
perdiésemos la visión periférica de manera progresiva. Se han dado
explicaciones de toda índole para resolver este enigma: por ejemplo, el
psicoanálisis mantiene que se trata de una experiencia de disociación de
la mente y el cuerpo originada ante experiencias traumáticas donde la
vida de la persona se pone en peligro. En ese sentido, Carl Sagan
aseguraba que el sistema nervioso se resetea después de una experiencia
cercana a la muerte y la luz en el túnel es una representación del
nacimiento, una teoría repetidamente refutada. Críticas y detractores
No puede quejarse Fischer, ya que ningún otro proyecto de la Universidad de Riverside ha sido objeto de una beca tan cuantiosa como la que ha recibido el filósofo, algo que ha puesto de uñas a gran parte de sus detractores, ateos y materialistas, que consideran que la abstracción del tema y la falta de aplicaciones reales no justifican tal inversión. Además, otros expertos han manifestado que la afirmación de que no se ha tratado el tema en profundidad con anterioridad es simple y llanamente mentira. Por ejemplo, Chris Jensen Romer, cuyo trabajo se divide entre la ciencia académicamente aceptada y sus investigaciones parapsicológicas, manifestaba en su blog, Polterwotsit, que “este tipo de investigaciones se han realizado desde hace 130 años, a través de médicos, neurólogos, filósofos, teólogos y muchos brillantes pensadores”. Aunque, quizá no se trate más que de envidia, ya que como afirma en dicha entrada en su bitácora, lleva veinte años buscando financiar sus propias investigaciones sin ningún éxito.
Muchos estudios de diferentes ámbitos han intentando abordar este tema con mayor o menor fortuna. En Experiencias cercanas a la muerte entre la ciencia y prejuicio, sus autores, dos profesores italianos de la Universidad de Padua, señalaban que cualquier interpretación reduccionista de este tipo de fenómenos suele encontrarse equivocada, ya que las sucesivas investigaciones han demostrado cosas muy diferentes entre sí. Para ellos, “el enfoque biológico aceptado está ciego ante la fenomenología de las experiencias, significados, valores y su impacto en la vida y cultura humanas, el lado oscuro de la luna del reduccionismo”. Veremos si dentro de tres años, Fischer y sus cinco millones de dólares han sido capaces de conquistar este territorio desconocido.
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