Esta es una obra autobiográfica en la que la autora analiza principios sobre la experiencia de muerte y duelo entre las personas basándose en su experiencia profesional y personal, acompañando personas en el proceso de muerte y duelo.La muerte encierra un proceso de transformación radical. Para poder entender su antes y su después, la autora utiliza como hilo argumental un hecho real: el fallecimiento inesperado de un joven al que sus hijos estaban unidos por fuertes lazos afectivos, y el "viaje" que comienza para las personas "que se quedan".Cuando se sufre la pérdida de un ser querido, la mayoría de las personas no saben cómo canalizar sus emociones y en su desolación encuentran que no saben cómo habrán de seguir viviendo.En un análisis de las eternas preguntas: ¿Cómo sanar la culpa? ¿Cómo hacer frente al dolor emocional? ¿Hay algo más allá de la muerte?... la obra busca llevar a su audiencia a profundizar sus sentimientos para revelarnos otra perspectiva de la muerte.Es una herramienta terapeutica, espiritual y transpersonal para enfrentar la muerte a través de una nueva conciencia de amor por la vida y vivir en el ahora como un presente sin fin.Esas son sus conclusiones como profesional en el campo de lo que hoy se llama tanatología, pedagogía de la muerte, cuidados paliativos o, lo que ella llama, “el acompañamiento a personas en los procesos de muerte y de duelo”. |
Se bienvenido a este lugar de encuentro en el que podemos compartir nuestras experiencias, esas que cuando las sentimos nos Tocan el Corazón.., nos Recuerdan A... y Nos llenan De....te invito a compartir, siempre nos enriquecemos los unos de los otros.
2 nov 2013
LO QUE LLAMAMOS MUERTE; EL ANTES Y EL DESPUÉS.
1 nov 2013
DERVICHE... TODOS LATIMOS EN EL MISMO CORAZÓN.
"Hace
mucho tiempo pasó un derviche cerca del monasterio de Santa Catalina,
en el Sinaí, y, viendo los monjes que vestía de manera similar a la
suya, sintieron curiosidad y le preguntaron: - ¿Qué predicas, hermano?
¿Qué buscas por aquí- A lo que el sufí dijo: - Pues veréis, yo afirmo
que Dios es Uno - ¡Qué curioso! - dijeron los monjes - Nosotros pensamos
que Dios es Tres; Padre, Hijo y Espíritu Santo.
- Entonces el sufí se quedó pensando y preguntó: - ¿Sólo tres? -
Desconcertados, los buenos monjes replicaron: - Hermano, ¿cómo dices
"sólo tres" cuando tú piensas que es Uno? - El derviche, riendo, asintió
con la cabeza. - ¡Lleváis razón! Perdonadme, quise decir que Dios es
Cien - Tomándolo por loco, los monjes volvieron a preguntar - ¿Cómo
Cien? - Sí, veréis, puestos a dividir... Dios está en cada uno de los
Nombres que nos enseña el Sagrado Corán. Pero quizás me equivoque,
porque en la Torah hay otros trescientos más. Pero esperad, porque ¿y
aquellos Atributos desconocidos? ¿No está acaso Dios también en el
corazón de cada una de sus criaturas? ¿Y de Su Creación? Uff, no puedo
más. Por cierto, ¿cuál era vuestra pregunta? - Mirándose desconcertados,
los monjes dijeron: - Hermano, te preguntamos qué predicabas y qué
buscabas por aquí - Ahh, eso. Pues veréis, yo afirmo que Dios es Uno,
pero que, sin dejar de ser Uno, también es muchos. No obstante, lo que
busco es que entre Él y yo nunca haya Dos... Después de aquello, los
monjes se quedaron pensando, le abrazaron y no le hicieron ya más
preguntas"
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“Oh maestro, ¿por qué algunos buscan a Dios en el Corán y otros dentro de sí mismos? – Porque el Corán es sutil, hermoso, poético y no da tanto miedo como asomarse al Vacío – No le entiendo ¿a qué se refiere? – Pues verás hijo mío, los seres humanos temen mirar en su interior porque, si no encuentran a Dios, se toparán con la realidad de su existencia, que es pura nada, y esa verdad sacudirá el alma de miedo y de terror. El corazón del ser humano es un espejo donde Dios se mira para conocerse y reconocerse. Cuando, a través de la búsqueda interior, alguien descubre esto, se dedica por completo a limpiar y pulir ese espejo para que, cuando Dios quiera asomarse a él, lo encuentre bien dispuesto. Quien consigue esto, conocerá a Dios y se conocerá a sí mismo – Pero, maestro ¿cómo podría alguien conocerse a sí mismo contemplando el Rostro de Dios? – Porque, hijo mío, se verá reflejado en Sus ojos”
La tradición de los derviches cuenta que, quienes se entregan por completo a Dios, se funden en Él. Dios mira a través de sus ojos, habla por sus bocas, actúa con sus cuerpos y piensa con sus mentes. De esta forma ya no pueden morir, porque Dios no puede morir. Por eso Jesús resucitó, por eso es el gran Maestro de Derviches. Un libro demasiado cristiano para los musulmanes y demasiado musulmán para los cristianos. ¡Quizás eso sea ser sufí!
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